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La conexión cerebro-intestino y su relación con el estrés

La conexión cerebro-intestino y su relación con el estrés

Podemos pensar que cada órgano de nuestro cuerpo no tiene conexión entre sí, pero nada más lejos de la realidad. Todo en nuestro organismo tiene una conexión que repercute en el resto. En este post, vamos a hablar de la conexión entre el cerebro y el intestino, ya que puede afectar a la digestión y la ansiedad. 

Se ha demostrado que el tracto intestinal se ve afectado por las emociones, de ahí que haya situaciones que generen “sensaciones” en el estómago desde nauseas a las “mariposas”. 

¿A que se refiere la conexión cerebro-intestino? 

El nervio vago es el que se encarga de unir estos dos órganos, se compone de un alto número de neuronas. Los verdaderos causantes de las conductas alimentarias son los microbios digestivos que se encargan de enviar señales. Lo que provoca la liberación de la dopamina y la serotonina (neurotransmisores). 

Aprender a regular la microbiota (conjunto de bacterias del intestino) ayuda a regular las emociones. La serotonina se produce en el intestino y se encarga de controlar nuestro estado anímico (si se altera la microbiota, se produciría menos serotonina). La dopamina se genera en situaciones placenteras.  

El cerebro tiene tanto poder que es capaz de hacer que el estómago comience a liberar los jugos gástricos antes de comer. Solo con pensar en la comida y viceversa. Así pues encontrarse mal anímicamente con estrés o ansiedad puede repercutir directamente en nuestro apetito y salud gastrointestinal.

La ansiedad y el intestino

Ahora puedes saber porque las situaciones de estrés repercuten directamente en nuestro estómago. El estrés puede generar trastornos gastrointestinales si se tienen episodios reiterados. Para mejorar esta sintomatología lo más adecuado es recurrir al psicólogo que con la debida terapia ayuda a mejorar esta problemática. 

Las técnicas de reducción de estrés influye en el intestino y facilita el bienestar. 

Durante una situación de tensión se “activan” una serie de hormonas, sistemas, órganos y se “desactivan” otras funciones para centrar toda la energía en ese peligro. Entre esas funciones que se desactivan estaría la digestión. Un estado constante de ansiedad podría repercutir en el organismo. 

Así pues ejemplo de trastornos en la alimentación están relacionados directamente con la ansiedad, el TDAH, la depresión…

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